La CIJB vertebra la pelota

Juego de pelota en un escenario público

La filosofía de la Confederación «te abre fronteras y te hace conocer otras culturas», afirma el arquitecto vasco Daniel Carballo.

Un todo se construye con mucho de poco y, ese poco, muy diverso. La pelota en el mundo es ese todo y las diferentes modalidades, escenarios, e incluso casuísticas, países y federaciones son esas pequeñas piezas que conjuntan. Tan fácil y tan difícil, pero tan absolutamente maravilloso entenderlo así. Es uno de los puntos de vista que mantiene Daniel Carballo (Zumaia, Guipúzcoa, País Vasco), un hombre que sabe de pelota en su tierra -en 2017 defendió su tesis doctoral Implantación del juego de pelota en los centros históricos- y que afirma: «Algunos dicen que el juego de pelota es vasco y ha nacido aquí, y en eso no estoy de acuerdo».

La suya es una mirada de conjunto. Vaya, global: «La filosofía de la CIJB te abre fronteras y te hace conocer otras culturas, y eso ha influido en mi mirada. He tenido la oportunidad de viajar y ver modalidades no solo de mano, sino también con herramientas, la tabla de Ecuador y Colombia, por ejemplo, y todo esto es gracias a todas estas conexiones». Conexiones que hacen ese todo: «El objetivo de mi tesis doctoral es encontrar similitudes en el juego de pelota, hablando de pelota en mayúsculas. El gran acierto de la CIJB fue tomar la iniciativa de tomar esos viajes donde ellos mismos se sorprendían de lo que veían».

Sorprendidos y espoleados a competir, a probarse, a medir fuerzas y también modalidades, buscando acuerdos, alternativas, negociación con la pelota de por medio, cara a cara, con una pared delante, sin ella, y un muro, vale, pero con la pelota. «En la tesis se habla del origen del juego y las diferencias de cómo ha ido evolucionando desde el punto de vista arquitectónico, y tal vez eso sea lo que ha condicionado más el juego», afirma Carballo.

El camino de la investigación le llevó a entrar en la CIJB. Conocía la Confederación del torneo de Pamplona, la Champions de 2011, su padre fue federativo, jugador de pelota vasca de frontón, y él también hizo sus pinitos en frontón hasta 2011, ya que con la Champions y un equipo navarro se le despertó la curiosidad. «Buscamos unas reuniones para intentar hacer partidas de juego a largo, en la celebración del bicentenario de la destrucción de la villa de San Sebastián por el incendio», explica, y lo consiguieron. Justo delante del ayuntamiento donostiarra se llevó a cabo una exhibición de varias modalidades. Fue en 2013. Luego hablaron con la federación vasca para que llevara la Champions a San Sebastián: «En cinco años (2011 y 2016) conseguimos equipos para competir». Y de ahí, «a tener bandera propia en el Mundial de Colombia».

Carballo afirma que el papel de la CIJB ha sido fundamental, porque ha conseguido hacer propio el lema de ‘unir en la diversidad’. «Coincidimos personas que queríamos recuperar la historia», afirma rotundo, «y nos hemos encontrado que la labor de la CIJB era la misma, buscar similitudes y también las diferencias». Hacer de ese poco de cada uno, un todo. «Aquí la cancha es más pequeña, la pelota más pesada», dice, «pero podemos jugar juntos sin problema solo habiendo una pequeña negociación». Y de ahí sale el cuerpo vertebrado.